El arte de mediar

2020-05-13

   ¿Es un arte mediar? Indudablemente. Identificar el tiempo de decir y de guardar silencio. El mediador sabe cuando, pero no por qué. Y va moldeando el proceso, como un artista pinta un cuadro. Y con una pregunta da una pincelada, y con otra retoca el color de una emoción. Díganme ustedes,  ¿hay algo mejor que esto?


Por: Jesús Salvador Guirado López


La técnica es el conjunto de procedimientos utilizados en una ciencia u oficio, para lograr obtener efectos específicos, donde la habilidad desarrollada en muchas horas de estudio y práctica, conlleva a la eficiencia y eficacia en los resultados.


 “Hace muchos años vivía en China un mandarín que deseaba tener un dibujo de un gallo; entonces buscó al mejor dibujante y le solicitó que lo realizara y pagó por ello una fuerte suma de dinero. Pero el tiempo comenzó a pasar y a pasar y el dibujo no llegaba. Hasta que el mandarín furioso fue a la casa del dibujante y lo increpó para que le hiciera su gallo, y entonces el dibujante tomó una carbonilla gastada y una gran hoja de papel y con unos pocos trazos dibujó un hermoso gallo, tan hermoso como puede ser la paloma de la paz de Picasso. Esto lo enfureció más al mandarín, que se sintió burlado, pero entonces el dibujante comenzó a abrir una gran cantidad de armarios que tenía, y de todos cayeron cientos, miles de dibujos de gallos. Desde el momento en que se lo había solicitado, no hacía otra cosa que hacer gallos, por eso pudo con pocos trazos y tan rápidamente lograr ese dibujo que era la esencia del gallo”. (Anónimo).


        Ahora bien, la técnica en mediación es aplicable desde dos tipos de lenguaje: interrogativo y afirmativo. El primero, a través de preguntas inteligentes realizadas a los mediados para desestabilizar sus posturas rígidas, lo que implica aprender a desarrollar la destreza de preguntar con precisión. La investigación avanzada en dicha disciplina, ha creado una extensa tipología de interrogantes con fines concretos. Por ejemplo, la técnica de la “pregunta abierta”, busca explorar información importante acerca del conflicto para poder construir cuestionamientos interesantes que abran las perspectivas de los mediados, por ejemplo: ¿Cual es el motivo por el cual usted viene a mediación?, para que el mediado cuente los motivos y razones de su versión del conflicto; o bien, la técnica de la “pregunta circular”, que tiene como objetivo poner a uno de los mediados en “los zapatos del otro”, desplazando las circunstancias del conflicto que percibe uno de ellos, al otro, para generar en este último sensibilidad ante una situación dada. En el entendido que existe un catalogo extenso de formas circulares. Por ejemplo, ¿cuál piensa usted que puede ser la postura de su madre con respecto a este tema? Es decir, presuponer que pensaría la madre acerca de determinada información y cuál sería su reacción para generar un posible cambio en el mediado a quien se le hizo el cuestionamiento. Existen muchas otras como las preguntas cerradas, reflexivas, transformadoras, aclaratorias, hipotéticas, estratégicas.


Por otra parte, en el lenguaje afirmativo, están la reformulación, la connotación positiva, el reencuadre, la legitimación, el resumen, la externalización, el equipo reflexivo, todas estas técnicas que requieren de amplio estudio y análisis en espacios académicos para su comprensión y practica.  La gran relevancia de estas es que generan cambios importantes en las personas. Un ejemplo de “connotación positiva” es cuando por el rencor que genera un conflicto olvidamos aspectos positivos de la persona que confrontamos. Y ante el ejemplo de un conflicto por incumplimiento de una deuda, el mediador pregunta: Y durante los diez años que usted le ha prestado dinero a Juan, ¿siempre le ha quedado a deber? Y responde el mediado: no. Debo reconocer que siempre me ha pagado excepto esta vez. De esa manera, queda connotado positivamente el mediado deudor como alguien cumplido en pagos hasta antes de la deuda reciente, que puede haber sido por circunstancias especiales. Y el reencuadre, definido como la posibilidad de ver las cosas “desde otra ventana”. Es una técnica de gran trascendencia, porque es generadora de perspectivas. Es ayudar a las personas a reinterpretar el conflicto encontrando soluciones. Por ejemplo, ante el reclamo de la esposa al marido de que dilapida el dinero en gastos fuera de la casa. Y al informarle que el gasto ha sido en una enfermedad de su hermano. Se le pregunta a la esposa, ¿como considera usted pagar un gasto medico para ayudar a su hermana en una enfermedad? Son los mismos hechos, vistos desde otro ángulo, que permite considerar y reconocer la situación del otro.


 No siempre el mediador debe decir algo. En ocasiones los silencios propician reacciones en los participantes. Imaginemos el siguiente diálogo que pasó por la mente del suscrito, como un caso que podría haber ocurrido en una sala de mediación: “Sentados a la mesa de mediación, expuestos a todos y dispuestos a nada, dibujaron gestos para la ocasión. El mediador, inocente sin remedio, les recitó las reglas del juego. Ellos, esposos para siempre, hasta que la muerte los separe. Entrecruzaron miradas irreales, enmascaradas, circulares y geométricas. Él, campesino de temporal, de una vez por todas, de la vida y de la muerte, del ser y del no ser, de lo abstracto y lo concreto, de esto y de aquello. Ella, mujer humilde, beata de las primeras bancas de la iglesia, le preguntó: ¿por qué insistes en vivir bajo el cobijo de la verdad relativa, si a la luz de la mentira absoluta somos tan felices? El campirano respondió: ¡Por eso mesmo! Esta vez el mediador no dijo nada”.


La técnica está inscrita en los libros. Y puede estudiarse. Pero la práctica forma al Maestro. Construye el estilo. Es cuando nace el mediador profesional, practicante asiduo del método y la técnica escrita y que está por escribirse. 


De hecho, la experticia del mediador, es saber cómo, cuándo y para qué intervenir en un proceso de mediación. A este “saber” algunos especialistas otorgan la dimensión de arte. Definido este como una actividad realizada con una finalidad estética, mediante el cual se expresan ideas o emociones; es posible hablar del “arte de mediar”, si y solo si, un mediador avezado en la profesión, tiene la habilidad de interpretar historias,  detectar mensajes encubiertos detrás de las palabras y recuperar información privilegiada. Igualmente, se reconoce que tiene el “arte de mediar”, quien demuestra gran creatividad para realizar preguntas acertadas, y   sabe encontrar la inspiración para realizar la “pregunta transformadora” generadora de inesperadas perspectivas del conflicto hacia la construcción de emocionantes acuerdos.


¿Es un arte saber dirigir un conflicto? indudablemente. Identificar el tiempo de decir y de guardar silencio. El mediador sabe cuándo, pero no por qué. Y va moldeando el proceso como un artista pinta un cuadro. Y con una pregunta da una pincelada y con otra retoca el color de alguna emoción. Díganme ustedes, ¿hay algo mejor que esto?


¿Es el arte de mediar la habilidad de aplicar la técnica, para lograr un impecable y estético proceso de mediación, colmado de acuerdos construidos por los protagonistas?