LA CIENCIA DE LA MEDIACIÓN

2020-05-04

Por: Jesús Salvador Guirado López 



    La mediación es una ciencia humana. El método para lograr el conocimiento es por medio de preguntas realizadas al participante en un proceso, para que pueda conocerse así mismo y saber lo que necesita. Este método filosófico fue aplicado desde la antigüedad por el filosofo griego Sócrates, quien lo denominó la mayéutica o el arte de parir ideas, porque emplea el diálogo para llegar al conocimiento. 

      De la misma manera que el método de la mayéutica, las preguntas en mediación tienen como objetivo desestabilizar el discurso inflexible de los mediados, hasta romper las resistencias  amuralladas en el lenguaje que aparecen como un disfraz del verdadero conflicto. Es entonces que partiendo de su hipótesis, el mediador profesional en una coherente escalada de preguntas estratégicas, desenmascara al mediado en el reconocimiento de sus necesidades más profundas.     

    La técnica en el procedimiento de mediación es a través de preguntas inteligentes, que al igual que el método socrático pretenden llegar a la verdad. De tal forma, las interrogantes conocidas como preguntas abiertas, cerradas, circulares, hipotecas entre otras tantas, producen en el mediado respuestas, que logran sorprenderlo incluso, de sus nuevas perspectivas ante la disputa. Cabe mencionar que la pregunta es la única técnica aplicable en mediación para generar conocimiento. Quedan fuera entonces dar consejos, ofrecer recomendaciones, presentar propuestas, brindar asesorías, inducir, presionar y menos aun obligar a los mediados a tomar decisiones que no emerjan de ellos mismos.   

     El otro modo de conocimiento en mediación es la intuición. Este proceso cognitivo que no está sujeto a una deducción lógica, es la habilidad para conocer o percibir algo de manera inmediata.  Es una facultad humana para conocer las cosas al instante sin la necesidad de  argumentaciones complejas. El mediador debe tener entonces la habilidad de la intuición, para percibir de sus mediados un conocimiento imposible de obtener a través de razonamientos deductivos. De ahí que las preguntas elaboradas por el profesional a sus participantes deberán serán precisas y adecuadas, porque tendrán su origen en este modo de conocimiento que le permitirá saber en muchas ocasiones lo que necesitan los intervinientes sin que estos tengan que decir una sola palabra, sin demérito que los mismos podrán decirlo de viva voz, en el momento que el ánimo del proceso genere en ellos la voluntad de hacerlo. La intuición es susceptible de aprenderse. Es un pensamiento que nos llega a la mente y debemos tener la sabiduría que ofrece el conocimiento profundo de la ciencia de la mediación para reconocerlo. Es la mediación una profesión sagrada que exige dedicación y entrega sin cortapisas. Y quien así la acepta, la intuición será su aliada.   

        El conocimiento intuitivo es manifiesto en momento de riesgo, de presión o inmediatez, donde no hay margen de tiempo para el razonamiento o evaluación. Surge bajo una forma espontánea o lógica creativa, que es una   característica de la mediación, por tratarse de un proceso oral e instantáneo que exige intervenciones inmediatas del mediador.

       La percepción sensorial en la intuición  para conocer mas allá de las palabras, necesariamente implica el posible encuentro personal y directo entre sujeto y objeto de conocimiento. Los gestos, posturas, miradas, y demás mensajes no verbales surgen frente a la mirada del mediador quién podrá percibir con agudeza el significado oculto entre las palabras y detrás de estas, descubrimientos siempre determinantes en la resolución del proceso. El mediador profesional enfrenta un reto complejo al intentar percibir incluso la vibración de las emociones, que trasmiten los mediados en sus historias acerca del verdadero conflicto, que en más de una ocasión se encuentra oculto detrás de una audaz narrativa.

       El bellísimo principio epistemológico de la mediación que dice: “El conflicto no es objetivo, sino que se encuentra en las mente de las personas”, es ejemplar para reconocer la necesaria complejidad de conocer el mundo subjetivo del mediado, donde anidan las reales causas de las diferencias humanas, a donde solo se puede penetrar a través del conocimiento intuitivo. Cualesquier otra pretensión de entenderlo en una dimensión objetiva mediante una deducción lógica, es como querer conocer el fondo del mar solo nadando en la superficie de  turbias aguas. Es prácticamente una tarea imposible. 

      En la base epistémica también descansan los principios de voluntariedad, imparcialidad, confidencialidad, flexibilidad y otros importantes pilares  del proceso, que constituyen la estructura de la teoría de la mediación. El encuentro personal del mediador profesional y los mediados en un espacio seguro y privado, garantiza el cumplimiento de tales principios  bajo el control del tercero imparcial que funge como director del conflicto, legitimando a la mediación como una ciencia.      

     Es posible recibir acusaciones de ortodoxia ante tal planteamiento, en virtud de que la flexibilidad es uno de los principios de apertura social de la mediación. Pero a pesar de dicho principio, el paradigma cognitivo que  estructura esta ciencia, exige el rigor metodológico para producir resultados favorables en la realidad concreta. Para ello, la aplicación de la técnica apropiada en la mediación es indispensable en cada caso concreto. Desnaturalizar el cuerpo metodológico desatendiendo técnicas y principios, equivale a trastocar el procedimiento en detrimento de la efectividad y eficacia de la disciplina, quedando invalidada  como conocimiento científico. 

      Actualmente, el estado crítico que atraviesa la sociedad mundial por la pandemia, está generando un aumento en los conflictos familiares, mercantiles, laborales, entre otros, donde la construcción de procesos dialógicos vía internet con la asistencia de un tercero imparcial se avizoran como una opción para encontrar soluciones alternativas. La mediación en línea o a distancia como se le ha llamado, es un nuevo esquema que permite mediante el desarrollo tecnológico, ayudar a las personas a disolver sus diferencias ante esta inesperada situación de confinamiento, que amenaza saturar a las instituciones de procuración e impartición de justicia. Sin embargo, la estricta exigencia epistemológica de la ciencia de la mediación, imposibilita el fiel cumplimiento de principios y técnicas que modelos científicos como el circular narrativo lo exigen, al efectuarse mediante un dispositivo electrónico anegado de fallas técnicas. Ahora bien, el reconocido negociador William Uy, uno de los fundadores del primario modelo Harvard, (que privilegia la construcción de acuerdos sin interés por las relaciones) “define” la mediación como “una negociación asistida”, donde exclusivamente se ayuda a las partes para llegar a un acuerdo; y solo desde esa perspectiva, podríamos entender el mecanismo de asistencia profesional a distancia o en línea, únicamente como un modelo de negociación dirigido por un tercero imparcial, sin tener que exigirle al mismo, como sería en un proceso de mediación científica, el cumplimiento de aspectos que están fuera de su control como es el espacio seguro (sin la posible participación de terceros ajenos al proceso alrededor de la pantalla) y la confidencialidad (grabación de audios y ediciones de video para uso indebido de información).  

       La razón es que la creación de cualquier forma de realización de un proceso de mediación desde una base epistemológica, siempre deberá garantizarse plenamente en favor de los mediados y la mediación, los tres presupuestos siguientes: la ejecución moral del método, una apropiada aplicación de la técnica y el respeto irrestricto de sus principios fundamentales, mediante los cuales, como lo previene el modelo circular narrativo, además de lograr el acuerdo, se restablecerán las relaciones quebrantadas. Pero en este momento, ante la falta de condiciones propicias, y desde el modelo Harvard, una conveniente negociación asistida por un tercero imparcial para el logro de acuerdos, con el apoyo de dispositivos electrónicos, que atiendan el cúmulo de casos en los próximos meses será necesario.