- La Estrategia de Bolivia pone a México en incómoda situación por su lentitud o inacción en la explotación de un mineral estratégico que nos dijeron sería el oro blanco mexicano y podría llegar a ser más importante que el petróleo.
Por Luis Fernando Heras Portillo
Aquí se presenta un análisis basado en declaraciones del Gobierno de Bolivia en Bloomberg y en reportes y entrevistas sobre el litio boliviano. El gobierno de Bolivia, bajo el presidente Rodrigo Paz (quien asumió en noviembre de 2025), ha expresado una estrategia clara para maximizar sus vastas reservas de litio —las mayores del mundo, estimadas en 21 millones de toneladas en salares como Uyuni—, con el fin de impulsar el crecimiento económico, generar divisas y aliviar la crisis financiera (inflación, escasez de combustible y reservas bajas).
Bloomberg tiene presentadoras como Francine Lacqua o reporteros especializados, y en especial cuenta con Jimena Tolano en México con su programa especializado en economía y finanzas. Las declaraciones clave provienen de funcionarios como el ministro de Energía Mauricio Medinaceli y el ministro de Finanzas José Gabriel Espinoza, en entrevistas y artículos de Bloomberg.
Estas declaraciones enfatizan un pivot geopolítico hacia EE.UU., así como una narrativa de transparencia y apertura a la inversión extranjera, contrastando con el enfoque estatista del gobierno anterior de Luis Arce.
El gobierno ha señalado que está “repensando” los acuerdos de litio firmados con China y Rusia por el régimen anterior, que incluían plantas de procesamiento (como la inaugurada en 2023 por un consorcio chino y otra con Russia’s Uranium One en 2024).
A pesar de la oposición legislativa y ciudadana —principalmente por preocupaciones ambientales y falta de transparencia—, la nueva administración promete honrar estos contratos para “reconstruir confianza inversionista”, pero con mayor escrutinio.
En una entrevista con Bloomberg, Medinaceli enfatizó que no se cancelarán los acuerdos existentes, incluso si no coinciden con su visión, como un “primer mensaje a inversionistas”. Esto incluye certificar reservas con terceros independientes y abrir proyectos a capital extranjero, moviéndose de un modelo estatista a uno mixto.
Paz y su equipo buscan atraer inversión estadounidense para desarrollar el litio no explotado, apostando por este recurso para “terminar el slump económico”.
En reportes de Bloomberg, Espinoza mencionó planes para obtener hasta 5 mil millones de dólares en préstamos multilaterales en 2026 y regresar a los mercados de crédito internacionales en 2027, usando el litio como palanca.
La estrategia incluye licitaciones competitivas, zonas francas para manufactura de baterías y coordinación con países vecinos como Chile y Argentina (el llamado “Triángulo del Litio”). Esto contrasta con el enfoque anterior de Arce, que apostaba por técnicas de extracción directa para superar las impurezas del litio boliviano y acortar tiempos de producción.
El litio es visto como “moneda dura” para una nación en crisis, con una deuda de 14 mil millones de dólares y reservas internacionales bajas. El gobierno expresa que explotarlo generará empleos, ingresos fiscales y divisas, con énfasis en la industrialización y no solo en la extracción primaria.
AQUÍ ES DONDE NOS PREGUNTAMOS: ¿Y el litio mexicano para qué fue nacionalizado y metido a una congeladora como proyecto?
Bloomberg destaca que Bolivia planea certificar recursos, promover reformas económicas amplias y usar el litio como ancla para atraer industrias de baterías y vehículos eléctricos, posicionándose en la transición energética global.
Sin embargo, el propio gobierno boliviano reconoce desafíos importantes: precios internacionales bajos del litio, oposición ambiental y complejidades técnicas, ya que el litio boliviano es impuro y requiere innovación tecnológica.
La estrategia, según lo expresado en Bloomberg, es pragmática y pro-mercado:
Apertura y transparencia: abrir a inversión privada (incluyendo EE.UU.) para superar retrasos históricos de más de una década de “falsos inicios”, incluyendo certificación independiente y participación ciudadana para mitigar oposición.
Industrialización: no exportar solo salmuera; atraer fábricas de baterías mediante zonas francas, generando valor agregado y empleo.
Sostenibilidad: balancear la extracción con protección ambiental, aunque críticos citados por Bloomberg señalan riesgos en salares como Uyuni, especialmente por contaminación del agua.
Crecimiento económico: usar los ingresos para estabilizar la economía (inflación superior al 10% y escasez de dólares), con proyecciones de hasta 5 mil millones de dólares anuales si se escala la producción, similar a Chile, el segundo productor global.
En resumen, el gobierno boliviano expresa optimismo en Bloomberg por un “nuevo capítulo” con el litio como motor económico, pivotando hacia Occidente en busca de inversión y transparencia.
Si la estrategia se implementa, Bolivia podría experimentar un boom económico similar al de Argentina o Chile, aunque persisten riesgos como la volatilidad de precios y las tensiones geopolíticas.
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