PILAR POLÍTICO | Sonora: la sucesión que ya se disputa en voz baja

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PILAR POLÍTICO | Sonora: la sucesión que ya se disputa en voz baja

Por Jesús Donaldo Guirado

En las próximas semanas, el tablero político de Sonora comenzará a mostrar sus cartas. Morena anunciará a las llamadas corcholatas que disputarán la contienda interna rumbo a la candidatura a gobernador, y aunque el proceso aún no se formaliza, la coyuntura ya es perceptible para cualquiera que sepa leer los corrillos del poder.

Los tiempos han cambiado. Y con ellos, el equilibrio interno del movimiento. Hoy, el panorama parece favorecer —con claridad creciente— a Javier Lamarque Cano, actual alcalde de Cajeme. No es un favoritismo espontáneo ni producto de la estridencia mediática, sino de una lógica política que, en palabras llanas, se resume en una frase recurrente dentro de la grey morenista: se la deben.

Tras bambalinas, se ha mencionado con insistencia que la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, ve en Lamarque al próximo candidato natural de Morena en Sonora. De ser así —y en política pocas cosas pesan tanto como la señal presidencial— ese beneplácito no es menor. En el oficialismo, la sucesión no suele dirimirse únicamente en encuestas, sino en la intersubjetividad del poder y en la confianza intrínseca que se deposita en los cuadros probados.

A quienes sostienen que el alcalde de Obregón no tendría un escenario electoral halagüeño a nivel estatal, conviene recordarles los datos duros. En 2021 obtuvo alrededor de 49 mil 500 votos, equivalentes al 37%. En 2024, esa cifra se elevó a cerca de 102 mil sufragios, un contundente 60.9%, únicamente en Cajeme. Más del doble en una sola administración. No es retórica: es una tendencia que va en ascenso y que no puede soslayarse.

En contraste, la senadora Lorenia Valles Sampedro aparece como una figura que despierta simpatía, pero también dudas legítimas. Vista desde una óptica realista, su perfil —marcado por un discurso más emocional y conciliador— podría resultar insuficiente para gobernar un estado fronterizo, áspero, con una problemática de seguridad compleja y, por momentos, inmisericorde. No se trata de vilipendiar su trayectoria ni de negar su trabajo legislativo; simplemente, la coyuntura exige firmeza, temple y una conducción menos cándida. Incluso los símbolos importan: un corazón como emblema político puede resultar entrañable, pero quizá poco acorde con la crudeza que hoy exigen municipios como Hermosillo.

A esta ecuación se suma una carta que muchos aún no ven con claridad, pero que empieza a permear: Martha Patricia “Paty” Patiño Fierro. Su incursión ha sido constante, silenciosa y estratégica. Si el proyecto es saldar cuentas con Cajeme y con Lamarque, ella podría representar una solución magnánima: continuidad política, apertura de espacios y equilibrio interno. En ese escenario, Lorenia Valles podría concluir su encargo en el Senado sin fricciones ni desdén, manteniendo intacto su capital político.

Finalmente, el senador Heriberto Aguilar se mantiene en una postura imperturbable. Su discurso se finca en la ideología de la Cuarta Transformación y en una lealtad explícita al proyecto encabezado por la presidenta Sheinbaum y el gobernador Alfonso Durazo. No azuza divisiones ni incurre en proselitismo estridente; su apuesta es clara: apoyar a quien resulte elegido y, de ser él el designado, gobernar con visión de equipo y beneficio colectivo.

Así, Sonora se encamina hacia una sucesión que no será ruidosa, pero sí profundamente significativa. En la penumbra de los acuerdos y lejos del espectáculo, se gesta una decisión que marcará el rumbo del estado. Porque en política, como en la vida, lo verdaderamente importante rara vez se anuncia a gritos.

 

FAOT: cuando la cultura vence al aplauso fácil

En tiempos donde el populismo suele confundirse con cercanía y la estridencia con éxito, el Festival Alfonso Ortiz Tirado (FAOT) en Álamos se erige como un ejemplo claro —y necesario— de que también se puede gobernar desde la cultura. No desde la ocurrencia, no desde la moda efímera, sino desde una convicción que, aunque incómoda para algunos, resulta toral para la identidad de un pueblo.

No han sido pocas las voces que han intentado desmeritar al FAOT bajo el argumento de que “no hay artistas populares”. El reproche, repetido casi como consigna, parte de una falacia frecuente: creer que la cultura debe medirse por el volumen del aplauso o por la viralidad del momento. El festival, sin embargo, va mucho más allá de esa lógica supina.

Los artistas que integran la cartelera oficial no están ahí por azar ni por capricho palaciego. Representan expresiones culturales diversas, muchas de ellas profundamente arraigadas y otras que dialogan con nuevas audiencias. Ahí están, por ejemplo, Kakalo y Charles Ans, oriundos de Hermosillo, quienes han colocado el nombre de Sonora en escenarios internacionales. No responden al molde tradicional, pero encarnan otra vertiente cultural: la contemporánea, la urbana, la que también construye identidad.

Cada participación parece haber sido sopesada con cuidado. No se trata de acumular nombres, sino de articular un discurso cultural coherente. Música, artes escénicas y propuestas alternativas confluyen para mostrar que la cultura no es un bloque homogéneo, sino un tejido amplio que aglutina generaciones, gustos y sensibilidades.

Conviene recordar el origen del FAOT. El festival nació, precisamente, para promover la cultura y proyectar a Álamos más allá de sus comarcas, incluso hacia el extranjero. Desde sus primeras ediciones, la presencia internacional fue parte intrínseca de su espíritu. Bajo esa óptica, la decisión del presidente municipal, el profesor Samuel Borbón, no solo es acertada: es congruente. Ceder al populismo habría sido sencillo; bastaba con contratar artistas de moda, de esos que llenan plazas pero vacían de contenido cualquier propuesta cultural.

El resultado está a la vista. Álamos recuperó su brillo. Sus calles volvieron a vibrar con visitantes que no llegaron solo a consumir un espectáculo, sino a experimentar el alma del Pueblo Mágico. No pasó desapercibida la presencia de extranjeros, visiblemente satisfechos, reencontrándose con un festival que apuesta por la pulcritud cultural y no por el efectismo.

Todo indica que este viraje dará frutos. Si la cultura vuelve a ser el eje —y no la ocurrencia—, es probable que más visitantes internacionales retomen a Álamos como destino recurrente. Porque al final, lo que perdura no es lo popular del momento, sino aquello que, con discreción y firmeza, logra trascender.

Y el FAOT, en esta edición, parece haberlo entendido bien.

 

Navojoa: cuando los servicios públicos sí se ven

En un contexto donde muchas administraciones municipales se diluyen entre anuncios y buenas intenciones, Navojoa comienza a ofrecer un ejemplo distinto: el de la política que se mide en resultados tangibles. Bajo la conducción del alcalde Jorge Alberto Elías Retes, el municipio avanza —sin estridencias— en el fortalecimiento de los servicios públicos, un rubro tan elemental como insoslayable para la vida cotidiana.

La próxima incorporación de 12 camiones nuevos de recolección de basura no es un gesto menor. Representa una decisión estratégica que apunta a resolver uno de los reclamos más persistentes de la ciudadanía: la eficiencia en la limpieza urbana. Con más y mejores unidades, se fortalecerán las rutas, se reducirán rezagos históricos y se garantizará un servicio constante, ordenado y funcional, tanto en colonias como en zonas comerciales.

El secretario de Servicios Públicos, el ingeniero Mario Ramírez, ha sido claro al señalar que este avance responde al respaldo directo del presidente municipal. La lectura es simple: cuando hay voluntad política y coordinación administrativa, los resultados dejan de ser promesas y se convierten en hechos. Además, esta inversión permitirá algo fundamental pero pocas veces considerado: dar mantenimiento a las unidades sin suspender el servicio, evitando la acumulación de basura y los retrasos que tanto irritan a la población.

Pero el fortalecimiento no se limita a la recolección. En el periférico sur, la instalación de 35 nuevos postes de alumbrado público marca otra intervención toral. Más luz no es solo un asunto estético; es seguridad, prevención y tranquilidad. Calles mejor iluminadas reducen riesgos, mejoran la movilidad nocturna y dignifican el entorno urbano.

En este esfuerzo conjunto, el alcalde Jorge Elías ha reconocido abiertamente el papel de la ciudadanía. La recaudación de impuestos, subrayó, se está traduciendo en acciones concretas que impactan directamente en la calidad de vida de las y los navojoenses. El mensaje es claro y poco común en la narrativa pública: cuando los recursos se administran con pulcritud y los contribuyentes cumplen, el beneficio regresa a las calles.

Detrás de esta operatividad constante hay un engranaje que trabaja sin pausa. Mario Ramírez, director de Servicios Públicos y considerado el brazo derecho del alcalde, encabeza un equipo que opera prácticamente 24/7. No desde el protagonismo, sino desde la eficiencia. En tiempos donde abundan los discursos grandilocuentes, la gestión silenciosa pero efectiva termina siendo la más elocuente.

Navojoa avanza así, paso a paso, fortaleciendo su infraestructura básica y apostando por lo elemental bien hecho. Porque al final, el verdadero bienestar no se construye con slogans, sino con calles limpias, servicios que funcionan y decisiones que se sostienen en el tiempo.