Por Jesús Donaldo Guirado
Cuando se anunció que Fernando Rojo de la Vega Molina asumiría la responsabilidad de la Secretaría de Bienestar en Sonora, no faltaron las voces que optaron por el juicio fácil. Más que revisar su trayectoria o entender la dimensión del encargo, el debate se centró en su edad: que era joven, que le faltaba experiencia, que el tamaño del reto podía rebasarlo.
Hoy, los hechos cuentan otra historia.
El Programa Nacional de Vivienda para el Bienestar, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, fija una meta ambiciosa a nivel nacional: alrededor de 1.8 millones de viviendas durante el sexenio. El objetivo es claro: atender un rezago histórico y garantizar el acceso a un derecho básico. Sin embargo, más allá de las cifras globales, lo verdaderamente relevante es cómo esa política pública se aterriza en los estados. Y ahí es donde Sonora ha entrado con paso firme.
Bajo la conducción del gobernador Alfonso Durazo Montaño, el concepto de “bienestar duradero” no se ha quedado en el discurso. Se ha traducido en acciones concretas, particularmente en materia de vivienda social. En esa operación territorial, Fernando Rojo ha sido una pieza clave, no como figura decorativa, sino como articulador de esfuerzos.
Su papel no ha sido menor. Coordinar al Gobierno del Estado con la federación, la Comisión Nacional de Vivienda y el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores exige algo más que buena voluntad. Requiere capacidad técnica, negociación política y presencia constante en territorio. No es una tarea meramente administrativa; es una función estratégica que define si los programas caminan o se estancan.
En municipios como Cajeme, donde ya se han dado pasos concretos en la entrega y arranque de viviendas en coordinación con el alcalde Javier Lamarque Cano, el programa comienza a tomar forma real. No se trata de anuncios al aire, sino de procesos en marcha: planeación de desarrollos, identificación de beneficiarios y construcción progresiva. La política social deja de ser promesa y se convierte en obra.
Quienes dudaron de su capacidad por su juventud pasaron por alto un punto esencial: las nuevas generaciones no solo aportan energía, también formación, visión social y entendimiento de la política pública contemporánea. Fernando Rojo ha demostrado que puede articular padrones sociales, coordinar dependencias federales y mantener alineada la política estatal con las directrices presidenciales.
El reto sigue siendo enorme. El rezago habitacional en Sonora no se resuelve de la noche a la mañana. Pero el enfoque ha sido claro desde el inicio: vivienda como derecho, no como privilegio; bienestar como política estructural, no como programa aislado.
La encomienda, hasta ahora, se ha cumplido con disciplina política y responsabilidad institucional. La instrucción es clara desde Palacio Nacional y desde el Ejecutivo estatal: llevar bienestar real a las familias sonorenses. Y la operación en territorio confirma que el mensaje fue entendido.
La juventud dejó de ser cuestionamiento para convertirse en fortaleza. Porque cuando hay dirección política y voluntad de ejecución, la edad pasa a segundo plano.
En Sonora, el bienestar no se improvisa. Se construye. Literalmente.
En este contexto, Fernando Rojo de la Vega Molina mantiene un enfoque claro: trabajar conforme a los lineamientos de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y hacerlo en coordinación directa con el gobernador Alfonso Durazo Montaño. No distrae su encomienda pensando en escenarios futuros. Sin embargo, desde el análisis político —que no es futurología, sino lectura de señales— vale la pena observar lo que su desempeño abre como posibilidad.
Ya demostró capacidad operativa y disciplina institucional. Y cuando a un perfil se le coloca en un área donde puede desplegar con mayor amplitud su formación y experiencia, es natural que surjan proyecciones más grandes. Pensar el bienestar de Sonora en una escala mayor no resulta descabellado si se parte de resultados tangibles.
En ese marco, no suena ajeno al debate público colocar su nombre como una eventual carta de MORENAl para Hermosillo. ¿Por qué? Porque es joven, tiene energía política, conoce la operación electoral y participó de manera relevante en la campaña presidencial. Ese conocimiento territorial y estratégico podría representar un activo para recuperar la capital, un espacio clave en cualquier ecuación estatal.
Su capacidad en materia electoral le daría un plus al movimiento. Convertirlo en un pilar para reposicionar a Morena en Hermosillo tendría efectos que van más allá de lo municipal: fortalecería el proyecto rumbo a la elección gubernamental. En política, las capitales pesan, y pesan mucho.
Ahora bien, existe otro escenario, quizá menos visible pero no imposible. ¿Y si su nombre no aparece en boletas, pero su papel es decisivo para asegurar la continuidad de Morena en la gubernatura? ¿Y si la recompensa a esa labor no es una candidatura inmediata, sino una posición de mayor alcance? La Secretaría de Gobernación aparece en el imaginario no como ocurrencia, sino como hipótesis basada en tres factores: la confianza de la presidenta, la confianza del gobernador y su cercanía con figuras centrales del movimiento.
Algunos dirán que es improbable. Pero en política, la lealtad comprobada, la eficacia operativa y la confianza plena suelen ser moneda de cambio en negociaciones de alto nivel. No se trata solo de aspiraciones personales, sino de asegurar que los proyectos continúen y que quienes los encabecen garanticen estabilidad y resultados.
Recompensar el trabajo, la disciplina y la lealtad también es una forma de mandar un mensaje interno: aquí se cumple, aquí se responde. Y al mismo tiempo, se asegura una operación política sólida para los siguientes procesos electorales. Un ganar-ganar, como suelen decir quienes entienden los equilibrios del poder.
La pregunta final es inevitable: después de una Secretaría de Bienestar bien operada, ¿cómo se capitaliza a un perfil joven, con resultados y con confianza plena? ¿Quién, dentro del círculo actual, ofrece mayores garantías de continuidad y buen desempeño?
Ojalá no quede en un sueño guajiro. El potencial está ahí. Prepararlo desde ahora para responsabilidades mayores no sería una apuesta arriesgada, sino una inversión política. Porque, como se comenta en más de un espacio de análisis, a Fernando Rojo de la Vega… a él sí le alcanza.
Navojoa y la vivienda del bienestar: cuando las decisiones sí cambian realidades
Por otro lado, mientras el debate político suele concentrarse en nombres y escenarios futuros, en Navojoa comienzan a materializarse decisiones que impactan de forma directa la vida de miles de familias. El proyecto de Vivienda del Bienestar avanza con paso firme y, más allá del discurso, ya se sostiene en acuerdos concretos y cifras claras.
El Cabildo de Navojoa autorizó la adquisición de 47 hectáreas de terreno, con una inversión de 16 millones 750 mil pesos, destinadas a la construcción de 4 mil viviendas del programa impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a través de la Comisión Nacional de Vivienda. No se trata de una decisión menor: es el paso indispensable para que un proyecto social de gran escala pueda avanzar sin simulaciones.
El alcalde Jorge Alberto Elías Retes ha sido claro en el planteamiento. Las valoraciones técnicas y legales indican que el plan es viable, pero más allá de la factibilidad administrativa, el argumento central es el impacto social. La necesidad de vivienda digna en Navojoa no es una estadística abstracta; es una realidad cotidiana para miles de familias que no tienen acceso a créditos inmobiliarios ni a esquemas tradicionales de financiamiento.
Uno de los requisitos clave del programa federal es que los ayuntamientos aporten el terreno donde se desarrollarán las viviendas. En ese sentido, la autorización del Cabildo —sumada al cambio de uso de suelo urbano que ya se encuentra en trámite— permite acelerar el proceso y colocar a Navojoa en una posición de ventaja frente a otros municipios. El alcance estimado del proyecto es significativo: más de 15 mil navojoenses beneficiados de manera directa.
No es casual que desde el gobierno municipal se subraye un dato relevante: en todo Sonora no se ha aprobado, vía CONAVI, un proyecto de vivienda de esta magnitud como el de Navojoa. Esa afirmación no busca protagonismo, sino dimensionar la oportunidad histórica que representa este plan habitacional.
Lo que sigue no es menor. Corresponde ahora al municipio avanzar en los estudios técnico-ejecutivos relacionados con infraestructura y servicios públicos, además de cumplir con los procesos jurídicos y administrativos ante las dependencias involucradas. Es la parte menos visible, pero la más decisiva: ahí se define si los proyectos se consolidan o se diluyen en el papeleo.
En un contexto donde la vivienda suele ser promesa recurrente y resultado escaso, el caso de Navojoa ofrece una señal distinta. Cuando hay coordinación entre los distintos niveles de gobierno y voluntad para tomar decisiones de fondo, los programas sociales dejan de ser enunciados y comienzan a traducirse en bienestar tangible.
Aquí no hay estridencia ni discursos grandilocuentes. Hay tierra, recursos aprobados y un proyecto en marcha. Y en política pública, eso —simple y llanamente— es avanzar.

