PILAR POLÍTICO | Heriberto Aguilar: al ras de suelo, en sintonía con Durazo y el mensaje entre líneas

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PILAR POLÍTICO | Heriberto Aguilar: al ras de suelo, en sintonía con Durazo y el mensaje entre líneas

Por Jesús Donaldo Guirado

El reciente periplo del senador Heriberto Aguilar Castillo por el llamado sur profundo de Sonora dejó un mensaje que rebasa la mera relatoría legislativa. Bajo el lema de “al ras de suelo”, el político no sólo enumeró iniciativas y gestiones desde su escaño, sino que deslizó -con pulcritud casi palaciega- una declaración de pertenencia a la coyuntura que encabeza el gobernador Alfonso Durazo. Quien se detenga a sopesar cada frase advertirá que no fue un informe rutinario, sino un guiño calculado a la élite política sonorense.

Durazo hizo de esa consigna una marca de gobierno; Aguilar la retoma y la aglutina para presentarse como pieza conspicua del mismo engranaje. No es simple proselitismo: es la construcción de una narrativa de equipo, una suerte de intersubjetividad política que busca permear en la grey y dejar claro que ambos reman en idéntico sentido. El senador, lejos de un discurso cándido, parece fincar su futuro en esa sinergia que hoy se antoja insoslayable.

En Huatabampo, el 8 de enero, los coterráneos de la tierra de los generales escucharon un balance que, a primera vista, sospechaban seria protocolario. Sin embargo, entre líneas asomó un mensaje endógeno: “trabajo como él y con él”. Tal afirmación, apenas perceptible para el oído distraído, fue un dardo dirigido a quienes observan la sucesión de 2027 como un tablero todavía en penumbra.

La política sonorense vive horas álgidas y cualquier gesto adquiere valor de oráculo. Que el senador replique el lema gubernamental no es un acto espurio, sino una declaración de lealtad que busca exhibir un frente común. En los corrillos se comenta que la visita a Navojoa, prevista para el 13 de enero, congregará a figuras insignes cuya sola presencia esclarecerá el panorama.

Aguilar parece consciente de que la batalla por el porvenir no se libra con ditirambos, sino con señales. Su estrategia ha sido exudar cercanía, mostrarse acuerpado por la estructura estatal y evitar el tono estridente que tanto hastía al ciudadano. El mensaje, más que una crónica de logros, fue un acto de posicionamiento en la cúspide del poder estatal.

Es previsible que el gobernador Alfonso Durazo observe con beneplácito esta sintonía discursiva, pues en cada intervención convoca a los cuadros del movimiento a trabajar al ras de suelo, con cercanía genuina y sin atavíos de escritorio. Aguilar Castillo se muestra como un cuadro versado que ha comprendido el tenor de esa ruta y que, lejos de buscar protagonismos personales, podría incluso sopesar la conveniencia de recomendar a su histórico compañero de lucha, Javier Lamarque, para que continúe abonando a este proyecto colectivo. Se dibuja así una coyuntura de lealtades donde la causa común se coloca por encima de cualquier pretensión individual y donde el mensaje central es uno solo: servir con los pies en la tierra y la mirada puesta en Sonora.

Así, entre discursos y encuentros multitudinarios, se dibuja un tablero donde nada es incontrovertible. El 2027 aún parece pretérito, pero cada paso actual, cada palabra medida, va trazando un camino que podría resultar venturoso para quien logre leer —y descifrar— estos mensajes que no se informan a simple vista.

 

Semana Ciclista: cuando la ciudad también se piensa desde el manubrio

Honor para quien honor merece. En medio de un debate público a veces áspero y estridente, el IMPLAN Navojoa ha colocado sobre la mesa una iniciativa que merece algo más que un aplauso protocolario: la Semana Ciclista 2026, un ejercicio que trasciende lo recreativo para convertirse en un auténtico mensaje de planeación urbana.

Del 16 al 20 de febrero, el municipio vivirá una agenda poco habitual: concurso Decora tu Bici, ciclovías temporales, bici-cinema, pedaleada urbana y hasta el cierre de una campaña de reforestación. No es una simple recua de eventos sueltos, sino una estrategia que aglutina a la Secretaría de Educación y Cultura, el Instituto del Deporte, DIF, Tránsito Municipal y SEDECO. Esa coordinación interinstitucional revela que la movilidad empieza a mirarse como un tema toral y no como un adorno de temporada.

En una ciudad donde la costumbre ha girado alrededor del automóvil —casi como un dogma inexorable— colocar a la bicicleta en el centro de la conversación pública es un gesto de alto contenido político. Significa admitir que la planeación no puede seguir siendo pretérita, anclada en esquemas que ya no responden a las necesidades de convivencia, salud y medio ambiente.

La toma de protesta del Consejo Ciudadano de Movilidad es quizá el acto más conspicuo del programa. Ahí se juega la verdadera partida: que la política urbana deje de ser decisión de escritorio y se convierta en una construcción intersubjetiva entre gobierno y sociedad. Falta ver si este órgano tendrá vida más allá de la fotografía inaugural o si logrará permear en decisiones de largo aliento.

También resulta relevante el énfasis en la seguridad vial. Apostar por la bicicleta sin condiciones mínimas sería una falacia bien intencionada. Los talleres y las ciclovías temporales son un primer paso; el desafío será que no queden como artificios efímeros, sino como antesala de infraestructura permanente.

Detrás de esta semana hay un detalle que no debe soslayarse: el trabajo de un equipo joven de arquitectas y arquitecto que ha cuidado cada pieza del engranaje, tocando puertas y solicitando apoyos para que la idea no naufrague en la burocracia. Los nombres de María Eugenia Cortez, Lucía Byerly y Katya Pérez merecen mención aparte; su empeño demuestra que la vocación pública también puede ser pulcra y creativa. Sin restar mérito al liderazgo de Lamberto Betanzos, es justo reconocer que ellas han sido nervio y motor de este instituto.

El respaldo del alcalde Jorge Alberto Elías Retes coloca el tema en un plano superior: no como moda, sino como apuesta por un Navojoa más activo y verde. La bicicleta deja de ser curiosidad de fin de semana para convertirse en símbolo de una ciudad que intenta reconciliarse con su escala humana.

La Semana Ciclista es, en el fondo, una prueba de coyuntura. Organizar cinco días de actividades es lo visible; lo decisivo será transformar esa energía en política pública sostenida, en ciclovías reales y en cultura vial. Ahí se dirimirá si estamos ante un cambio auténtico o solo ante un paréntesis festivo. Y en Navojoa, esa ruta apenas comienza.

 

Javier Lamarque y la política del concreto que sí se siente

En tiempos donde la política suele extraviarse en discursos estridentes, el banderazo dado por Javier Lamarque Cano en la colonia Cortinas tiene un valor menos simbólico y más terrenal: el de las obras que se tocan con los pies. La rehabilitación integral de la calle Vicente Suárez no es solo un anuncio técnico; es una señal de que el gobierno de Cajeme ha decidido enfrentar uno de los reclamos más torales de la vida cotidiana: los baches y el deterioro de las redes hidráulicas.

El proyecto contempla la sustitución total de las líneas de agua potable y alcantarillado, además de la reposición de tomas domiciliarias y la posterior pavimentación de 4 mil 100 metros cuadrados. Detrás de esas cifras —a veces frías— hay un beneficio directo para 3 mil 500 vecinos que durante años padecieron una infraestructura casi pretérita, incapaz de responder al crecimiento urbano.

Lamarque ha insistido en que su administración no gobierna desde el escritorio, sino desde el territorio. Más de tres millones de metros cuadrados de vialidades rehabilitadas hablan de una estrategia que busca permear en el ánimo ciudadano a través de resultados palpables. En política municipal, el asfalto suele ser el lenguaje más elocuente.

La inversión superior a siete mdp revela también otra arista: la necesidad de fortalecer la hacienda local. El llamado del alcalde a cumplir con el predial y el pago del agua no es un regaño fiscal, sino una explicación didáctica de cómo se financia el bienestar común. Sin recaudación no hay obra; sin obra, la promesa pública se vuelve falacia.

En un municipio marcado por desafíos históricos, apostar por la rehabilitación profunda de calles y redes es apostar por la dignidad cotidiana. No es un acto magnánimo, sino un deber elemental del gobierno. Y, sin embargo, cuando se cumple, devuelve a la política un poco de su sentido original: servir.

Si estas obras logran consolidarse con continuidad y pulcritud técnica, Lamarque habrá entendido que el poder local se legitima menos con discursos y más con banquetas firmes, drenajes funcionales y calles sin cráteres. Ahí, en el concreto que sostiene la vida diaria, también se escribe la historia política de Cajeme.

Y por ahora, al menos en la Vicente Suárez, el mensaje es claro: la ciudad empieza a dejar de convivir con el bache como destino inexorable.