PILAR POLÍTICO | ¿Dónde están los 232 millones de Etchojoa?

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PILAR POLÍTICO | ¿Dónde están los 232 millones de Etchojoa?

Por Jesús Donaldo Guirado

En política, las cifras suelen ser frías. Pero hay números que, por su magnitud y por lo que representan, terminan por convertirse en una pregunta incómoda que nadie puede soslayar. Ese parece ser el caso de los 232 millones de pesos que hoy colocan al municipio de Etchojoa en el centro de una controversia financiera que, lejos de disiparse, comienza a tomar mayor dimensión.

La reciente entrega del Informe de la Cuenta Pública de la ASF fue clara: Etchojoa es el ente con mayor monto por aclarar en todo Sonora, con 232 millones 931 mil pesos cuya comprobación contable y presupuestal simplemente no apareció. Registros incompletos, documentación ausente y gastos sin justificación conforman el núcleo del señalamiento.

La cifra ya resulta inquietante. Pero el contraste es mayor si se observa el panorama completo: en Sonora el monto total por aclarar asciende a 522 millones de pesos. Es decir, un solo municipio concentra casi la mitad. Y más allá de la cifra, el verdadero problema parece ser otro: los nombres.

En los corrillos de la grey política regional se repite una idea que cada vez cobra más fuerza: en Etchojoa los cargos cambian, pero las manos siguen siendo las mismas. Como si se tratara de una recua administrativa que se turna los puestos para no perder el control del presupuesto municipal.

Ahí está Alfredo Bustamante, actual tesorero, quien ya tenía responsabilidades contables durante la administración de Jesús Tadeo Mendívil Valenzuela, conocido en el argot político local con el apodo de “Judas”. También aparece Héctor Quiroz, hoy secretario del Ayuntamiento, pero que en su momento también ocupó la tesorería municipal. Y en el manejo de los egresos figura Plácido Castro, quien acumula tres administraciones consecutivas vinculado al control del gasto público.

Cambian los alcaldes, pero el engranaje administrativo parece permanecer intacto. Ya sea bajo la gestión de Arturo Robles o en la etapa previa encabezada por Jesús Tadeo Mendívil Valenzuela, el patrón parece repetirse con una regularidad que despierta cavilación. Por eso la pregunta no solo es financiera. También es política.

Porque, mientras la ASF exige aclaraciones, en el horizonte ya comienzan a asomar los comicios de 2027. Y en ese escenario, algunos integrantes de este grupo —según se comenta en los corrillos— aspiran a aparecer nuevamente en las boletas electorales. Una pretensión que para muchos ciudadanos resulta sinvergüenza .

El asunto también inevitablemente alcanza a la esfera estatal. El gobernador Alfonso Durazo Montaño ha construido buena parte de su narrativa política bajo el principio de combatir viejas prácticas que, durante décadas, dilapidaron recursos públicos. Difícil imaginar, entonces, que un caso de esta magnitud pueda pasar inadvertido.

Y tampoco parece probable que, en la disputa por la gubernatura rumbo a 2027 —donde ya se mencionan nombres como Javier Lamarque Cano, Heriberto Aguilar Castillo o algún otro— alguien esté dispuesto a cargar con el costo político de un escándalo financiero de esta naturaleza. Inclusive si llegara Lorenia Valles, tampoco permitiría que siguieran acabando con el pueblo trabajador.

Si bien ellos pertenecen completamente al equipo de Lorenia, ella no permitirá que sobrepasen el discurso fundacional de Morena, que se resume en tres premisas que hoy funcionan casi como un mandamiento político: no robar, no mentir y no traicionar

Tampoco permitirá que sigan metiéndoles el pie a los otros precandidatos a la gubernatura; es el mismo equipo, y no permitirá que continúen comprando cientos de hectáreas; no permitirá que familiares de ese núcleo sigan adquiriendo camionetas lujosas del año; no permitirá que sus secretarios particulares tengan deudas de cientos de miles de pesos en el ayuntamiento, entre otras cosas. 

En otras palabras, el margen para la opacidad es cada vez más estrecho.Porque al final del día, más allá de las disputas partidistas, la pregunta que circula en las calles de Etchojoa sigue siendo la misma.

Pero volviendo al tema principal, una pregunta simple, directa e insoslayable:

¿Dónde están los 232 millones de pesos?. Arturo Robles, Alfredo Bustamante, Héctor Quiroz, Plácido Castro, Jesús Tadeo Mendivil. ¿Dónde están los 232 millones?

La respuesta no la necesitan los adversarios políticos. La necesita el pueblo y el gobernador. Tienen que rendirle cuentas al pueblo de Etchojoa y al mandatario estatal, que no permitirá que sigan sin aparecer esos 232 millones. ¿Dónde están?…

 

A ras de suelo… pero a 300 metros

La visita del gobernador Alfonso Durazo a Navojoa el pasado lunes dejó, en términos generales, un saldo halagüeño. No todos los días se anuncian obras de magnitud colosal ni se inauguran espacios educativos que prometen sembrar futuro. Y en esta coyuntura, el sur de Sonora bien puede darse el lujo de celebrar avances que, si se ejecutan con pulcritud, terminarán por permear en la vida cotidiana de miles de ciudadanos.

El inicio de la construcción del Libramiento de Navojoa, con una inversión de mil 500 millones de pesos, es una de esas obras que no solo resuelven un problema vial, sino que tienen un impacto estratégico en la región. Reducir entre 30 y 40 minutos el tránsito por la ciudad no es un detalle menor; es tiempo que se gana para el comercio, para el transporte y para la vida diaria de quienes recorren estas rúas todos los días.

El proyecto, alineado al Plan Estatal de Desarrollo 2021–2027, conectará la Carretera Federal México 15 con la Carretera Estatal 13, creando una arteria que podría convertirse en un verdadero vórtice de desarrollo económico y turístico para el sur de Sonora. No es exageración decir que se trata de una infraestructura toral para potenciar la actividad productiva de la región.

Ese mismo día también se inauguró la primaria Escuela Primaria Nueva Creación Fundación Nissan, resultado de la colaboración entre iniciativa privada y gobierno. La obra, financiada con 10 millones de pesos por la Fundación Nissan, cuenta con seis aulas, salón de usos múltiples, oficinas administrativas, sanitarios, cooperativa y un patio central.

Más allá de la infraestructura, conviene subrayar algo que suele quedar en la penumbra de los discursos oficiales: las gestiones ciudadanas. En este caso, la maestra Alma Enríquez, quien durante años tocó puertas hasta conseguir que este plantel se volviera realidad. En tiempos donde muchos optan por procrastinar las soluciones, su persistencia demuestra que la gestión también puede ser una forma de servicio público.

La ceremonia contó además con la presencia del secretario de Educación, Froylán Gámez Gamboa, quien acudió a dar la tradicional “patadita de la buena suerte” a un proyecto que, sin duda, promete fecundar nuevas generaciones de estudiantes.

Hasta ahí, el balance es positivo. Obras, inversión y educación: una ecuación que pocas veces se discute porque sus beneficios son, en gran medida, incontrovertibles.