SONORA STAR | De Nogales a Flagstaff: el viaje por carretera que revela el alma del desierto americano

HomeCOLUMNAS

SONORA STAR | De Nogales a Flagstaff: el viaje por carretera que revela el alma del desierto americano

Por Luis Fernando Heras Portillo

Cuando la carretera se vuelve espejo

Salir de Nogales, Arizona, es cruzar algo más que una frontera. Es entrar en una geografía que parece diseñada para recordarnos cuán pequeños somos y cuán profundo puede ser el viaje interior. Desde ahí hasta Flagstaff, al pie de las montañas y de los bosques del norte de Arizona, la carretera recorre desierto, sierra, mesetas y volcanes antiguos, en un trayecto que es, al mismo tiempo, físico y espiritual.

En diciembre, cuando el año se apaga lentamente, ese recorrido adquiere otro significado: ¿qué dejamos atrás y qué elegimos llevar con nosotros hacia el nuevo ciclo?

  1. Nogales → Tucson: el desierto que enseña a mirar despacio

El primer tramo avanza por la Interestatal 19, una carretera que atraviesa el corazón del Desierto de Sonora, uno de los ecosistemas más diversos del planeta.

A diferencia de otros desiertos del mundo, el de Sonora está lleno de vida: Sahuaros gigantes, mezquites y palo verde, colinas rojizas, cielos abiertos que parecen no tener fin

Según el National Park Service, el Desierto de Sonora es uno de los más biodiversos del planeta, con más de 2,000 especies de plantas y una extraordinaria variedad de vida silvestre (NPS).

De acuerdo con Arizona Office of Tourism, esta región es considerada uno de los corredores paisajísticos más fotogénicos del suroeste estadounidense (Visit Arizona).

Las salidas al amanecer y los atardeceres entre Nogales y Tucson ofrecen una luz dorada que convierte cada cactus en una escultura.

  1. Tucson → Phoenix: el corredor urbano del desierto

Al avanzar hacia el norte, la carretera conecta dos de los polos urbanos más importantes del suroeste: Tucson y Phoenix. Pero entre ambos, el paisaje no pierde su fuerza.

Este tramo cruza: Las Santa Catalina Mountains, valles abiertos, zonas agrícolas que contrastan con el entorno árido.

Según el U.S. Geological Survey, esta región forma parte de la Basin and Range Province, una de las formaciones geológicas más complejas de Norteamérica (USGS).

Y según el Pew Research Center, el crecimiento urbano del suroeste ha hecho que estos corredores sean clave para entender la tensión entre naturaleza y desarrollo en Estados Unidos (Pew Research).

Las montañas al fondo de Phoenix al atardecer ofrecen una imagen que mezcla civilización y desierto.

III. Phoenix → Sedona: cuando la tierra se vuelve arte

Aquí ocurre una transformación radical. El paisaje plano empieza a romperse y la tierra adquiere tonos rojos, naranjas y violetas. Entrar a Sedona es como entrar en un santuario natural.

Según el U.S. Forest Service, Sedona se ubica dentro del Coconino National Forest, una de las zonas de mayor diversidad geológica del suroeste (USFS).Y de acuerdo con UNESCO, los paisajes de arenisca roja de esta región son considerados un patrimonio geológico de importancia mundial (UNESCO).

Cathedral Rock, Bell Rock, Airport Mesa, Cada curva de la carretera es una postal.

  1. Sedona → Flagstaff: del desierto al bosque

En menos de una hora, la ruta asciende más de 2,000 metros y ocurre lo impensable: el desierto se convierte en bosque alpino.

Según el U.S. Forest Service, Flagstaff está rodeado por el mayor bosque de pinos ponderosa del mundo (USFS). Y de acuerdo con NASA Earth Observatory, esta región se encuentra sobre una meseta volcánica que forma parte del campo volcánico de San Francisco, uno de los más grandes de Norteamérica (NASA).

De Nogales a Flagstaff no se viaja solo en kilómetros. Se viaja por: Desierto, Montañas, Ciudades, Bosques, Y capas de uno mismo

Es una ruta que nos recuerda que la identidad no se encuentra corriendo, sino mirando.

Para reflexionar y aplicar hoy, ¿Qué parte de tu vida se parece al desierto que acabas de cruzar?, ¿Dónde estás entrando ahora a un nuevo bosque?, ¿Qué necesitas dejar atrás antes de iniciar tu próximo ciclo?

Desde Sonora hasta Arizona, esta ruta nos recuerda que los territorios no solo se recorren: se interpretan. En un mundo que corre sin pausa, aprender a viajar lento es una forma de resistencia y de identidad.