No hay peor ciego que el que no quiere ver

2020-03-23

Lo inevitable ocurrió: el coronavirus ha comenzado a esparcirse con rapidez en el mundo y México no ha sido la excepción. Mientras que el resto del mundo toma medidas drásticas contra el COVID-19, López Obrador actúa como si México estuviera en una realidad alterna inmune a la pandemia y sigue demeritado la crisis y su impacto en el sector salud y económico.


Los ciudadanos mexicanos ya han tomado algunas medidas para evitar la propagación de la enfermedad. Por ejemplo, cancelar eventos masivos, actividades no esenciales y diversas empresas han implementado esquemas de trabajo desde casa, para que sus empleados no tengan que salir y exponerse al contagio. También la Secretaría de Educación Pública (SEP) suspendió las clases en todos los niveles.


Aún así, el Presidente sigue viajando por el país y teniendo contacto directo con ciudadanos. Se le ha visto besar, abrazar y saludar de mano tanto a niños como a adultos, a pesar de que la Secretaría de Salud recomendó no hacerlo en ninguna circunstancia.


Tal vez AMLO busca amortiguar el impacto económico que generaría la incertidumbre a raíz del miedo es decir, quiere asegurarle a la gente que tiene todo bajo control y que “estamos preparados para todo”. Si bien es cierto que tras el desplome de los precios del petróleo y el dólar llegando a los 25 pesos, lo último que necesita México en estos momentos es otro golpe económico. 


Pero a estas alturas es inevitable, la situación en el país y en el mundo se va a complicar mucho más. Tan solo hay que ver lo que pasó en Asia, Europa y Estados Unidos. 


Si López Obrador dejara de menospreciar el riesgo del coronavirus podría asumir una posición de mayor liderazgo para coordinar las numerosas acciones sanitarias y económicas que urgentemente se requieren.


Si no fuera tan delicada la situación, podríamos interpretar la actitud del presidente como una ocurrencia más, en línea con la rifa del avión presidencial, pero el asunto no puede ser más serio, hay vidas están en juego y nuestra economía está en riesgo. Tan solo hay que voltear a ver a los demás países para apreciar su gravedad.