La paradoja de la libertad de las mujeres

2020-03-11

“El fin de la ley no es abolir o constreñir sino preservar y aumentar la libertad”  

John Locke


Ante la ola de movimientos feministas que se dan en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, resulta relevante analizarlos como parte de un momento histórico en la vida democrática del país.

Estimada y estimado lector, hago un paréntesis para decir que mucho ha sido el debate entre quienes están de acuerdo con las manifestaciones feministas y quienes no, pero para disputas que buscan primero juzgar antes de argumentar y analizar, están las redes sociales que cada vez dan más cuenta de lo que Umberto Eco llamó “la legión de los idiotas”.

Dicho lo anterior, quiero analizar el movimiento feminista actual desde tres visiones que no deben perderse de vista. La primera: la importancia de la manifestación pública como derecho de libertad y de consolidación democrática. La segunda: como un movimiento que ha logrado permear la agenda pública; y tercera: la visión institucional de las demandas sociales. 

Las manifestaciones públicas representan un ejercicio de participación democrática, recordemos que para que una democracia sea plena es necesaria la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones, por ello, las manifestaciones feministas (con o sin pintas y daños a edificios públicos) son la más pura representación de una exigencia social legítima.

El artículo 6º constitucional especifica que “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público”. Las mujeres exigen su derecho a vivir libres de violencia, libres de decidir sobre sus cuerpos, libres de acoso y libres de estereotipos que privilegian a un sector de la población mientras que someten al otro.  

Las luchas sociales claman el derecho más básico de sociedades: una vida libre y justa. Mientras esto no sea una realidad, las manifestaciones seguirán siendo uno de los únicos mecanismos como forma de protesta social, porque esta es la manera en que nos reafirmamos como individuos pensantes y sujetos de derecho. 

He aquí la paradoja la libertad, vivimos en un país donde el Presidente de la República promete amnistía para criminales, pero que cuestiona categóricamente las pintas a edificios y resta valor al paro nacional de mujeres culpando a sus opositores de ser los autores del mismo; vivimos en una ciudad donde la presidenta municipal, Célida López Cárdenas, quien siguiendo claramente una línea presidencial muy obvia, exige que se investigue y proceda jurídicamente a quienes se manifestaron en el poder judicial, mientras que la impunidad es el pan de cada día en esta ciudad. Verán, el reclamo es ante un sistema que evidentemente no funciona y frente a un Estado que prefiere cuidar sus intereses políticos antes que a su pueblo bueno y sabio, que al parecer sólo es sabio cuando así le acomoda al gobierno en turno. 

Ahora, veamos esta manifestación como el único movimiento que el Gobierno Federal no ha logrado contrarrestar en la agenda mediática. En sus intentos por desviar la atención hacia otro lado, han exprimido al máximo el tema del avión presidencial, que dicho sea de paso, se desgastó tanto que ya no funciona, ni siquiera la detención de Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, sirvió como distractor ante la ola de protestas feministas en el país. Además, como por arte de magia, el presidente recordó que entre él y Felipe Calderón gobernó otro presidente, Enrique Peña Nieto, a quien dijo que tenían que investigar, y ¿qué creen? tampoco la amenaza de investigar a EPN funcionó como distractor. 

La efervescencia social que ha logrado captar a un gran número de simpatizantes, parte del movimiento o no, predomina en la agenda mediática porque es una lucha que no van a poder apagar ni mitigar tan fácilmente y esto es, en gran medida, porque no se puede vislumbrar un futuro sin la participación libre de las mujeres en la esfera pública y si la clase política no entiende que la seguridad de las mujeres está por encima de sus intereses políticos, entonces que se preparen para su inminente fracaso.

Y por último, este movimiento debe tener un impacto institucional, es más que claro que el papel del Estado se encuentra totalmente rebasado en cuanto a las problemáticas sociales, sin embargo, debemos preguntarnos cómo el aparato institucional está traduciendo la exigencia pública. Para dejarlo más claro, las mujeres salimos y exigimos justicia y seguridad, pero cómo estas exigencias se van a ver materializadas en políticas que vayan encaminadas, precisamente, a cumplir con estas demandas sociales.

Si la gobernadora del Estado, Claudia Pavlovich Arellano, ve este asunto como un tema meramente político que le pega directamente al gobierno federal y por ende a Morena, entonces es probable que el aparato estatal no lo tome como un problema propio y las manifestaciones se queden precisamente así, como una manifestación más. Aunque creo que es precisamente la gobernadora quien tiene claro que debe existir un vínculo entre las manifestantes y las instituciones gubernamentales, incluso me llenó de optimismo que fuera la primera en declarar y proponer un diálogo para escuchar las demandas de las mujeres en el Estado además de sumarse al movimiento #UnDíaSinNosotras. 

El paro nacional del 9 de marzo marcará un parteaguas en el terreno de las ideas, la pregunta y lo que debe interesarnos es, ¿qué va a pasar después del paro nacional?, todos los esfuerzos de las mujeres y de la sociedad en general, ¿se verán materializados en políticas públicas, leyes o programas que verdaderamente incidan en el desarrollo pleno y libre de violencia de las mujeres en México? 

La idea de la libertad que otorga el privilegio ni es libertad ni es justa, razón tenía Benjamin Franklin en afirmar que “aquellos que cederían su libertad esencial a cambio de una seguridad efímera no merecen ni una ni otra”.

Esta lucha es por la libertad de todas y todos, por Fátima, por ti y por mí, por quienes ya no están y por quienes están por venir.

Estimada y estimado lector, agradezco siempre tu lectura y espero que en el lugar donde se encuentren nuestras ideas, prevalezca siempre el diálogo y la empatía.

¡Hasta la próxima!