Senado nombra a Rosario Piedra como presidente de la CNDH

2019-11-18

La llegada de Rosario Piedra Ibarra como la nueva titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha desatado una gran polémica tanto dentro y fuera del senado donde fue designada: desde acusaciones de ilegalidad, servilismo hasta golpes y empujones.


El jueves siete de noviembre, la luchadora social (militante de Morena), María del Rosario Piedra Ibarra fue elegida como la presidenta de la CNDH ganando con 76 votos de 114 emitidos (67 %) por lo que su designación se haría oficial. De acuerdo con el Artículo 102 de la Constitución, para elegir al titular de la CNDH se requiere el voto de dos terceras partes (66 %) de los senadores presentes en la sesión.


Sin embargo, ahí es donde empieza el problema: los números no cuadran pues acusan que había más senadores en la sesión y sus votos no fueron contados.


Los legisladores del PAN acusan que en realidad, durante este jueves, votaron 116 senadores. Los senadores y las senadoras votaron por cédula -mediante una boleta y en secreto- por los aspirantes ya mencionados. 


Sumado a esto, Rosario Piedra Ibarra es militante activa de Morena y se reportó que ni siquiera renunció al partido para dirigir este importante organismo que, en teoría, debería de ser autónomo. 


Esto hace que sobren motivos para poner en tela de juicio la independencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Piedra Ibarra fue secretaria de Derechos Humanos del Comité Ejecutivo Nacional de Morena y, hasta hace menos de un mes estaba registrada ante el INE como consejera nacional y estatal (Nuevo León) del partido.


El asunto ha desembocado en las renuncias de cinco de los diez consejeros de la CNDH. Alberto Manuel Athié Gallo fue el primero en renunciar al cargo, seguido por María Ampudia González, Mariclaire Acosta Urquidi, Angélica Cuellar y María Olga Noriega.


En su renuncia, los consejeros explicaron que, de permanecer en la CNDH, existe el riesgo de que no cumplan ni hagan cumplir la Constitución y de que el organismo se convierta en un bastión a merced del poder ejecutivo.